
Mis dedos recorrian tu cuerpo ese día, lentamente y estudiando cada facción del mismo, me sentía feliz. Aunque sólo fuese la espalda, conseguí averiguar tu punto débil, las cosquillas lentas. Supuse que te gustarían asi que, intencionadamente, te las hice, pero te molestaste tantísimo, que ese día, no te volví a ver en lo que quedaba de tarde.
A la mañana siguiente me saludaste como si nada hubiese pasado, en clase, era callada, de repente, se sentó a mi lado, y me dijo al oido mientras los demás trabajaban:
No te vayas, tengo que hablar contigo. Un escalofrío recorrió mi cálido cuerpo. No me habia dado cuenta de que ya tocó la campana del cambio de clase, así que, me quedé allí, tal y como me pidió, y no acudí a la última clase del día. Cerró la puerta, apagó las luces, y sentí como su lengua recorria mi cuello pálido. No sabia en que lugar exactamente estábamos, no le conocia en ese instante. Sólo le contesté con un fuerte
''Ah''. Luego me explicó que es lo que verdaderamente sentía por mí, o lo intentó. En ese momento quise martarme de lo feliz que estaba, y de todo lo que había soltado ese profesor inútil de pelo blanco, que no canoso. Me alegraba tantísimo, que una lágrima recorrió mi mejilla, y ni siquiera me dió tiempo de secarmela, mientras que, en un silencio desagradable, él, claramente, rompió el hielo diciendome:
Te quiero.

Ahora puedo decir, que mi infacia, siempre estuvo cerca de tí, aunque
este sueño nunca se hizo realidad.