sábado, 5 de febrero de 2011

En Blanco y Negro.

Es normal que eches de menos a una persona, y más si llevas enamorada de él 5 años, y no le has dicho lo que sientes. Si tuvieras la oportunidad de encontrartelo después de 1 año y medio y se te cruzará en el camino, ¿qué harias?

Pues si fuera mi caso, hacer el ridículo. Verlo me hizo sentir tan feliz, como si millones y millones de flores de todo tipo se encontraran alrededor de mí, pero, me sentí tan ridícula, los malditos nervios no me dejaban actuar, pero ¿porqué?

Dejé de amarle de tal manera, que ayer en cuanto le ví, quise robarle un beso y aprender de la experiencia la verdad, pero me conformé con uno en la mejilla, incluso el se atrevió a darme el otro. Estuvimos charlando normal, se atrevió a decirnos que nosotros somos los que ensuciamos la calle, ¡Demonios, ni que fueramos todos los días a ese lugar!

Él, como siempre, radiaba de belleza, desprendía un calor agradable y placentero, daban ganas de dormirse junto a él, su cabello, liso y seductor como siempre, tal y como yo lo recordaba en sus años mozos, aunque no es que él haya embejecido la verdad, seguía igual de lindo que siempre, con alguna que otra cana podría decirse. Él siempre por delante, con sus chistes, y su palabrería tal vil, seguía tan corta-rollos como siempre, yo siempre me reía cada vez que me cortaba el rollo, o le seguía el juego, pero ayer, me dijo cobarde y eso me hizo pensar tantas cosas a la vez, que ni siquiera tuve tiempo a pensar lo que decirle. Volviendo al tema del corta-rollos, yo, esta vez, ni siquiera me reí, ni le hice alguna carantoña, me aguanté y me sumerguí en un mar de lágrimas mirando hacia mi derecha. Recordaba tantos momento agradables junto a él, tantos momentos en los que él me cogía y me hacía sentir persona, tantos que, ni sé ya.


Ahora me siento como la típica niña que corre para olvidarse de todo, pero por más que lo intento, sigo amándole, sigo amándole con todo mi corazón. Ahora lucharé por poder decirle mis verdaderos sentimientos, y que reaccione de una manera peculiar en él.


Me alegro de haberte conocido, querido profesor de insituto. Ahora, todo se ha vuelto de colores claros y cálidos dentro de mi.

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